sábado, 6 de enero de 2024

Percy Jackson y el ladrón del rayo, capítulo 2

 TRES ANCIANAS TEJIENDO LOS CALCETINES DE LA MUERTE Yo estaba acostumbrado a esas ocasionales experiencias extrañas. Pero usualmente terminaban rápido. Esta alucinación veinticuatro/siete era más de lo que podía manejar. Por el resto del año escolar, todo el campus parecía estar jugando una especie de truco conmigo. Los estudiantes actuaban como si estuvieran total y completamente convencidos de que la Sra. Kerr –una mujer rubia alegre a la que nunca había visto en mi vida, hasta que se subió en el autobús al final de la excursión – había sido nuestra maestra de PRE-Algebra desde Navidad. De vez en cuando yo soltaba una referencia de la Sra. Dods a alguien, solo para hacerlos tropezar, pero ellos se quedaban mirándome como si yo estuviera loco. Consiguiendo así que yo casi les creyera –que la Sra. Dods nunca había existido. Casi. Pero Grover no podía engañarme. Cuando le mencioné el nombre Dods a él, dudó, luego dijo que ella no existía. Pero supe que estaba mintiendo. Algo estaba sucediendo. Algo había sucedido en el museo. No tuve mucho tiempo para pensar en ello durante el día, pero en las noches, visiones de la Sra. Dods con garras y alas de cuero me despertaban sudando frío. El clima extraño continuó, lo que no ayudó con mi humor. Una noche, una tormenta estalló las ventanas de mi dormitorio. Pocos días después el tornado más grande de todos los tiempos aterrizó en el Valle de Hudson, a solo cincuenta millas de la Academia Yancy. Uno de los acontecimientos de la actualidad que estudiamos en Ciencias Sociales fue el número inusual de pequeños aviones que había caído en el Atlántico repentinamente este año.  Empecé a sentirme irritable y de mal humor la mayoría del tiempo. Mis calificaciones bajaron de D a F. Me metí en más peleas con Nancy Bobofit y sus amigos. Me sacaron del salón en casi cada clase. Finalmente, cuando nuestro Profesor de Castellano, el Sr. Nicoll, me preguntó por millonésima vez porque yo era tan perezoso para estudiar para las pruebas de deletreo, estallé. Lo llamé viejo borrachín. No estaba ni siquiera seguro de lo que eso significaba, pero sonaba bien. 

El director le envió a mi mamá una carta la siguiente semana, haciéndolo oficial: Yo no sería invitado a volver el siguiente año a la Academia Yancy. Bien, me dije a mí mismo. Perfecto. Estaba nostálgico. Quería estar con mi mamá en nuestro pequeño departamento en el extremo este de la ciudad, incluso si tenía que ir a una escuela pública y soportar a mi obstinado padrastro y sus estúpidos compañeros de póker. Y aún así… había cosas que extrañaría de Yancy. La vista de los bosques desde la ventana de mi dormitorio, el río Hudson en la distancia, el olor de los árboles de pino. Extrañaría a Grover, que había sido un buen amigo, incluso siendo un poco extraño. Me preocupaba como sobreviviría el siguiente año sin mí. Extrañaría la clase de latín también –el torneo loco del Sr. Bunner y su fe en que yo podía hacer las cosas bien. Mientras los exámenes se acercaban, latín era el único para el que estudiaba. No había olvidado que el Sr., Bunner me dijo que este tema era de vida o muerte para mí. No estaba seguro porque, pero había empezado a creerle. La noche antes de mi final, me sentí tan frustrado que lancé la Guía de Cambridge de la Mitología Griega a través de mi dormitorio. Las palabras habían empezado a saltar fuera de la página. No había forma que yo fuera a recordar la diferencia entre Chiron y Charon, o Polydictes y Polydeuces. Y conjugar esos verbos en latín? Olvídalo. Atravesé el cuarto, sintiendo como si hormigas se pasearan dentro de mi camisa. Recordé la expresión seria del Sr. Brunner, sus ojos con la sabiduría de miles de años. Aceptaré solo lo mejor de ti Percy Jackson. Tomé un respiro profundo. Recogí el libro de mitología. Nunca le había pedido ayuda a un profesor antes. Quizás si hablaba con el Sr. Bunner, él podría darme algunos consejos. Al menos podría disculparme por la gran F que estaba a punto de sacar en su examen. No quería dejar la academia Yancy, con él pensando que yo no lo había intentado. Bajé las escaleras hacia las oficinas de la facultad. La mayoría estaban oscuras y vacías, pero la puerta del Sr. Bunner estaba entreabierta, la luz desde su ventana se extendía por el suelo del pasillo. 

Estaba a tres pasos de la manija de la puerta cuando oí voces dentro de la oficina. El Sr. Bunner preguntaba algo. Una voz que era definitivamente la de Grover decía “………preocupado por Percy, señor.” Me congelé. Usualmente no ando espiando, pero te reto a no escuchar si pudieras oír a tu mejor amigo hablándole de ti a un adulto. Me acerqué un poco más. “……solo este verano,” estaba diciendo Grover. “Quiero decir, Una amabilidad en la escuela! Ahora que estamos seguros, y ellos también….” “Solo empeoraríamos las cosas presionándolo,” dijo el Sr. Brunner. “Necesitamos que el chico madure más.” “Pero él quizás no tenga tiempo. El solsticio de verano es el límite-“ “Tendrá que resolverse sin él, Grover. Déjalo disfrutar su ignorancia mientras todavía puede.” “Señor, él la vio….” “Su imaginación,” insistió el Sr. Brunner. “La niebla de los estudiantes y el personal será suficiente para convencerlo de eso.” “Señor, yo………..yo no puedo fallar en mi deber otra vez.” La voz de Grover estaba ahogada por la emoción. “Usted sabe lo que eso significaría.” “Tú no has fallado, Grover,” dijo el Sr. Bunner amablemente, “Debí darme cuenta de lo que era. Ahora solo preocupémonos de mantener a Percy vivo hasta el próximo otoño-“ El libro de mitología se cayó de mi mano y golpeó el suelo con un ruido sordo. El Sr. Bunner calló.  Mi corazón martilleaba, recogí el libro y me eché hacia atrás en el pasillo. Una sombra se deslizó a través del cristal iluminado de la puerta de la oficina del Sr. Bunner, la sombra de algo mucho más alto que mi profesor en silla de ruedas, sosteniendo algo que lucía sospechosamente como un arquero. Abrí la puerta más cercana y me deslicé hacia adentro. 

Unos pocos segundos después oí un golpeteo lento clop-clop-clop, como bloques huecos de madera, luego un sonido como un animal resoplando justo fuera de mi puerta. Una gran y oscura sombra se detuvo frente al cristal y luego continuó. Una gota de sudor corrió por mi cuello. En algún lugar del pasillo, el Sr. Bunner habló. “Nada,” murmuró él. “Mis nervios no han estado bien desde el solsticio de invierno.” “Los míos tampoco,” dijo Grover. “Pero hubiera jurado….” “Vuelve al dormitorio,” le dijo el Sr. Brunner. “Tendrás un largo día de exámenes mañana.” “No me lo recuerdes.” Las luces se apagaron en la oficina del Sr. Bunner. Esperé en la oscuridad por lo que parecieron horas. Finalmente, salí al pasillo y me encaminé hacia mi cuarto. Grover estaba tendido en su cama, estudiando sus notas para el examen de latín como si hubiera estado ahí toda la noche. “Hey,” dijo él, con ojos cansados. “Estarás listo para este examen?” No respondí. “Te ves horrible.” Él frunció el ceño. “Todo bien?” “Solo….cansado.” Me voltee así él no podría ver mi expresión real, y empecé a listarme para ir a la cama. No entendía lo que había oído abajo. Quería creer que lo había imaginado todo. Pero algo si estaba claro: Grover y el Sr. Brunner estaban hablando de mí a mis espaldas. Ellos pensaban que yo estaba en alguna clase de peligro. La siguiente tarde, cuando salía de mi examen de tres horas de Latín, en mis ojos nadaban todos los nombres de los griegos y romanos que había escrito más, el Sr. Bunner me llamó. 

Por un momento, me preocupó que hubiera averiguado mi espionaje el día anterior, pero ese no parecía ser el problema. “Percy,” dijo él. “No te desanimes por dejar Yancy. Es……. Es lo mejor.” Su tono era amable, pero las palabras me avergonzaron. Aunque hablaba en voz baja lo otros chicos terminando el examen pudieron oír. Nancy Bobofit me sonrió, haciendo un gesto sarcástico con sus labios. Murmuré, “Okey, señor.” “Quiero decir…” el Sr. Bunner movió su silla hacia atrás y hacia adelante como si no estuviera seguro de que decir. “Este no es el lugar adecuado para ti. Era solo una cuestión de tiempo.” Mis ojos picaron. Aquí estaba mi profesor favorito, en frente de la clase, diciéndome que no pude manejarlo. Después de decirme todo el año que creía en mí, ahora me decía que estaba destinado a ser expulsado. “Claro,” dije, temblando. “No, No,” dijo el Sr. Brunner. “OH, lo confundí todo. Lo que estoy tratando de decir… no eres normal, Percy. Esto no es nada como ser-“ “Gracias,” espeté. “Muchas gracias por recordármelo señor.” “Percy-“ Pero ya yo me había ido. En él último día de plazo, metí mi ropa en mi maleta. Los otros chicos, bromeaban alrededor, hablando de sus planes para las vacaciones. Uno de ellos iba a un viaje de excursión a Suiza. Otra iba a cruzar el Caribe por un mes. Ellos eran delincuentes juveniles, como yo, pero eran delincuentes juveniles ricos. Sus padres eran ejecutivos, o embajadores o celebridades. Yo era un don nadie, de una familia de don nadies. Ellos me preguntaron lo que haría este verano y les dije que volvería a la ciudad. Lo que no les dije fue que tendría que obtener un trabajo de verano sacando perros a pasear o vendiendo subscripciones a revistas, y gastando mi tiempo libre preocupándome acerca de a qué escuela iría en otoño. “OH,” dijo uno de los chicos. “Eso es genial.” Ellos volvieron a su conversación como si yo nunca hubiera existido. La única persona a la que temía decir adiós era Grover, pero resultó que no tenía que hacerlo. Él había reservado un billete a Manhattan en el mismo Greyhound que yo, así que ahí estábamos, juntos otra vez, en dirección a la ciudad. Durante todo el viaje de autobús, Grover seguía mirando nerviosamente por el pasillo, observando los otros pasajeros. Se me ocurrió que él siempre actuaba nervioso e inquieto cuando salíamos de Yancy, como si esperara que algo pasara. Antes, siempre asumí que él estaba preocupado de que se burlaran de él, Pero ahora no había nadie para burlarse en el Greyhound. Finalmente no pude soportarlo más. Dije, “Buscando Amabilidad?” Grover casi salta de su silla. “Que- Que quieres decir?” Confesé sobre escucharlos a él y al Sr. Brunner la noche antes del examen. Los ojos de Grover temblaban. “Que tanto escuchaste?” “OH….no mucho. Cuál es el plazo del solsticio de verano?” Él hizo una mueca. “Mira Percy….. Estaba preocupado por ti, ves? Quiero decir, alucinaciones de profesores de matemáticas demonios…” “Grover-“ “Y le estaba diciendo al Mr. Brunner que quizás estabas estresado o algo, porque no había ninguna Sra. Dods, y…” “Grover, eres en verdad, en verdad un mal mentiroso.” Sus orejas de volvieron rosa. Del bolsillo de su franela, sacó una tarjeta de negocios. “Solo toma esto, okey? En caso de que lo necesites este verano.” La tarjeta tenía una escritura elegante, la cual fue asesinada en mis ojos disléxicos, pero finalmente entendí algo como: Grover Underwood Guardián Villa Hala-Blood Long Island, New York (800) 009-0009 “Que es Hala-“ “No lo digas en voz alta!” gritó él. “Esa es mi, ummm…….. Dirección de verano.” Mi corazón se hundió. Grover tenía una casa de verano. Nunca había considerado que su familia fuera probablemente tan rica como las de los otros en Yancy. “Okey,” dije con tristeza. “Así como, si quiero visitar tu mansión.” Él asintió. “O…….o si me necesitas.” “Por qué te necesitaría?” Salió más duro de lo que quise. Grover se ruborizó hasta su manzana de Adán. “Mira, Percy, la verdad yo……yo más o menos tengo que protegerte.” Me lo quedé observando. Todo el año, me había metido en peleas, manteniendo a los abusivos lejos de él. Había perdido el sueño preocupándome que él fuera golpeado el siguiente año sin mí. Y aquí estaba él actuando como si él hubiera sido el que me defendiera a mí. “Grover,” dije, “de que exactamente me estás protegiendo?” Hubo un enorme chirrido bajo nuestros pies. Un humo negro viniendo del tablero lleno el autobús con un olor como a huevos podridos. El conductor maldijo estacionando el Greyhound a un lado de la carretera. Unos minutos después haciendo sonar el compartimiento del motor, el conductor anunció que tendríamos que bajarnos. Grover y yo salimos con todos los demás. Estábamos en una estrecha carretera- un lugar que no notarías a menos que tu

 transporte se descompusiera allí. En nuestro lado de la carretera no había nada a parte de árboles de arce y basura de los carros que pasaban. Al otro lado, luego de cuatro carriles de asfalto brillando con el calor de la tarde, estaba un puesto de frutas anticuando. Lo que vendían lucía realmente bien: cerezas amontonadas en cajas y manzanas, nueces y albaricoques, jugo de cidra en una jarra llena de hielo. No había clientes, solo tres ancianas sentadas en mecedoras en la sombra de un árbol de arce, tejiendo el par de calcetines más grande que jamás había visto. Quiero decir estos calcetines eran del tamaño de suéteres, pero eran claramente calcetines. La mujer de la derecha tejía uno de ellos. La dama de la izquierda tejía otro. La dama del centro sostenía un enorme cesto de hilos azul eléctrico. Todas las tres mujeres lucían mayores, con rostros pálidos arrugados como la fruta, cabello gris atado atrás con pañuelos, brazos huesudos que salían de vestidos de algodón blanqueados. Lo más extraño era, que ella parecían observarme justo a mí. Miré a Grover para decir algo de eso y ví que la sangre se le había ido del rostro. Su nariz estaba crispada. “Grover?” dije. “Hey, hombre-“ “Dime que ellas no te están mirando, Ellas están, no?” “Si, Raro, no? Crees que esos calcetines me servirán?” “No es gracioso, Percy. Para nada gracioso.” La anciana del medio sacó una gran par de tijeras- doradas y plateadas, hojas largas como cizallas. Oí a Grover contener el aliento. “Volveremos al autobús,” me dijo. “Vamos.” “Qué?” dije. “Hace como mil grados ahí dentro.” “Vamos!” Él abrió la puerta y saltó adentro, pero yo me quedé atrás. Al otro lado de la carretera, las ancianas todavía me observaban. La del medio cortó el hilo y juro que pude escuchar el sonido a cuatro carriles de distancia. Las otras dos enrollaron los calcetines azul eléctrico, dejándome preguntándome para quien podrían ser, Pie Grande o Godzilla. 

En la parte trasera del autobús, el conductor arrancó una gran cantidad de humo fuera del compartimiento del motor. El bus se estremeció y el motor rugió volviendo a la vida.  Los pasajeros aplaudieron. “Bien maldición!” gritó el conductor. Golpeó el autobús con su sombrero. “Todo el mundo a bordo de nuevo!” Una vez que subimos, empecé a sentirme enfermo, como si hubiera atrapado un resfriado. Grover no lucía mucho mejor. Él estaba temblando y sus dientes castañeaban. “Grover?” “Si?” “Que no me estás diciendo?” Se secó la frente con la manga de su camisa. “Percy, que viste allá en el puesto de frutas?” “Quieres decir las ancianas? Qué hay de ellas, hombre? Ellas no son como….la Sra. Dods, no? Su expresión era difícil de leer, pero tuve la sensación que las mujeres del puesto de frutas eran algo mucho, mucho peor que la Sra. Dods. Él dijo, “Solo dime lo que viste.” “La del medio sacó sus tijeras y cortó el hilo.” Él cerró sus ojos e hizo un gesto con sus dedos que pudo ser señalándose a sí mismo, pero no lo fue. Era algo más, algo casi- anciano. Él dijo, “Tu la viste cortar la cuerda.” “Si. Y?” Pero en el momento en que lo dije, supe que había un gran problema. “Esto no está pasando,” murmuró Grover. Él empezó a morder su pulgar. “No quiero que esto sea como la última vez.” “Que última vez?” “Siempre sexto grado. Nunca pasan el sexto.” 

“Grover,” dije, porque él en verdad estaba empezando a asustarme. “De que estás hablando?” “Déjame acompañarte a casa de la estación de autobuses. Promételo.” Esto parecía como una extraña petición, pero se lo prometí. “Es esto como una superstición o algo?” pregunté. No respondió. “Grover –ese retazo de hilo. Significa que alguien va a morir?” Él me miró con tristeza, como si ya estuviera escogiendo la clase de flores que me gustarían más en mi ataúd. 

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